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Ignorando nuestra historia o estamos tratando de reinventarla

Por: Vladimir Ilich Ulianov

En días anteriores tuvo lugar en Salamina un desafortunado programa transmitido en vivo por una red social, llamado “Destino Café”; digo desafortunado porque fue evidente la improvisación y la ignorancia, tanto del presentador como de los invitados; un programa sin metodología, sin ritmo, sin edición, sin texto, que resultó en media hora de imprecisiones, de esnobismos y superficialidades; se cometieron tantas arbitrariedades con el quehacer historiográfico que dio vergüenza escuchar todos esos cuentos, mitos y leyendas, que nada tienen que ver con la realidad histórica.

En el último tiempo, los salamineños hemos sido bastante apáticos con el reconocimiento de nuestra historia local; hay por lo menos una generación, la última, que no tiene idea de los acontecimientos que han dado forma a la vida municipal; y las anteriores hemos entrado en el marasmo y el facilismo de señalar a los jóvenes por su desconocimiento cuando ha sido nuestra culpa que ellos ni conozcan ni les interese el asunto, por nuestra omisión para enseñarla.

Aún así, no todo está perdido, hay proyectos culturales interesantes encaminados a recuperar ese patrimonio histórico que son dignos de seguir siendo alimentados con miras a enriquecer esos valores sociales, arquitectónicos e históricos que nos han hecho referente regional y nacional.

Ha hecho carrera en Salamina aquello de pretender reescribir la historia desconociendo grandes proyectos académicos, editoriales e historiográficos en los que hemos contado los acontecimientos a lo largo de por lo menos 180 años; se imponen hoy ciertas narrativas que por esnobismo o simple ignorancia pretenden cambiar nombres, contar sucesos irreales o adobarlos con acciones mitómanas y es así que por lo menos durante los últimos 20 años, justo cuando se da ese “boom” de declaratorias para nuestra ciudad que nos pone en el foco turístico y cultural del país, se comienzan a definir lugares y a contar sucesos de forma errada, imprecisa o amañada.

Quienes tuvimos el honor de conocer al padre Guillermo Duque Botero, historiador por excelencia de la comarca, sin igual en la última mitad del siglo XX, no podemos sentir menos que pena de lo que pretenden hacer muchos hoy con la historia de Salamina: reinventarla, un absurdo total.

Si bien no considero que se deba tener en Salamina una “historia oficial”, una versión oficial de los sucesos desde los acontecimientos previos a la fundación hasta nuestros días, sí considero importante que cualquier dato que enriquezca o refute lo ya narrado, aporte al debate desde el acervo documental, fruto del proceso investigativo propio de la ciencia historiográfica y no como consecuencia de la simple tradición oral que aunque importante en algunos procesos académicos, termina siempre por ser etérea e indemostrada. No podemos construir nuestra historia colectiva sin datos; ellos son indispensables en el proceso de elaboración histórica; tampoco se trata de circunscribirla al pasado, ella misma puede iluminar el futuro, nos ayuda a comprender contextos, sucesos, acontecimientos, nos puede ayudar a corregir errores, lograr nuevas metas. Por eso no hay que tenerle miedo a la existencia de varios relatos, pero a todos ellos hay que pedirles que inscriban su reflexión en el campo de la disciplina histórica, con método, con criterio. Es por eso que apruebo sí, un revisionismo histórico, un nuevo estudio de los acontecimientos que con cifras, datos, documentos, revitalicen lo ya definido, lo ya narrado. Tal vez sea adecuado revisar lo que Duque Botero, Juan B. López, Leonídas Amaya, o el mismo Rodrigo Jiménez narraron con respecto a los acontecimientos de lo que se conoce como Colonización antioqueña, generalidades y sucesos propios a una región; pero que pretendamos decir ahora que sucesos locales, trazables solo para los personajes, lugares, espacios y sucesos de nuestra historia local como el templo, la pila, las casas, o el cementerio, son de otra forma a como los conocimos y los identificamos siempre, y están lo suficientemente documentados por los referentes de la historia salamineña, es una falacia. Ni la pila es italiana, ni el padre Barco absolvía pecados recibiendo folletos de arquitectura europea, ni Postobon nació en Salamina, ni la población se llamó Monserrate, no hay un solo documento que eso acredite ni soporte.

La ignorancia de la historia es algo que padecemos hoy en Salamina; en los colegios no se enseña historia hace por lo menos 20 años, la globalización del mercado hace que muchos docentes sean foráneos y por consiguiente no tienen por qué conocer la historia local ni cómo enseñarla y los que son de aquí poco se interesan por el tema; a los niños y jóvenes no se les está inculcando sentido de pertenencia a través del estudio de la historia local, regional y nacional; lo que se está enseñando son simplemente datos estáticos que no sirven para más que un limitado y corto ejercicio de memoria ¡y eso!

Para dar pasos firmes hacia el bicentenario es necesario implementar proyectos académicos, culturales e historiográficos liderados desde la alcaldía municipal, la Casa de la Cultura, la misma Sociedad de Mejoras Públicas y la Junta Local de Patrimonio; hay que renovar el desvencijado concepto de la Cátedra Salamina, tan inmóvil como inservible y comenzar por implementarlo en las instituciones educativas y los servicios de guías turísticos que en buena parte son quienes están contando Salamina a los visitantes. En buena hora apareció el esfuerzo periodístico de la Escuela Taller con su revista virtual, novedosos y jóvenes columnistas -en su mayoría- con un estudio juicioso de los temas histórico-culturales.

Aprovecho esta ventana de opinión para proponer la creación de un Consejo Local de Historia que –ad honorem- reúna a un grupo selecto de licenciados en Ciencias Sociales e Historia (sé que los hay), gestores culturales, historiadores y personajes con reconocida sensibilidad en estos menesteres, que unifiquen criterios y proyecten unas línea específicas de estudio para que en el 2025 contemos nuestra historia de manera asertiva, documentada y claramente referenciada a través de trabajos editoriales. Este es un tema, que inclusive se debe poner en debate en el Concejo Municipal; institucionalizar lo que propongo no conlleva necesariamente a la destinación de recursos económicos, no propongo aumentar burocracia, propongo educación, sensibilidad histórica y cultural ¿estará el Concejo Municipal a la altura? ¿hay alguno en aquel sanedrín que esté en capacidad de estudiar el tema a profundidad?

Mientras tanto, la cultura en nuestro municipio goza de cabal salud; el gran trabajo que desarrolla la Casa de la Cultura, la sensibilidad y la afinidad del alcalde Ospina Rosas en estos temas y el notable liderazgo de La Escuela Taller hace que el futuro sea auspicioso. Más que pertinente el ciclo de conversatorios que con motivo de los 196 años de fundación tendrán lugar todos los sábados de junio, empezando por el La Concesión Aranzazu, a cargo de Pedro Felipe Hoyos.

Ultimo tercio.

1. Hoy la historia de Salamina se está contando mal, se está contando como se cree que es o como dicen que es, no como se investiga. ¿es Fernando Macías el único referente actual en temas de historia? Cosas hay para reconocerle, otras tantas para cuestionarle. En esta aridez intelectual… en el reino de los ciegos el tuerto es el rey.

¡Agradecemos me comparta!

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