Fiestas de La Inmaculada Concepción

Noche del Fuego

La Noche del Fuego nació como una propuesta de construcción de tejido social promovida por la Fundación Calicanto ONG para la proyección del patrimonio cultural material e inmaterial de Salamina. La primera versión se llevó a cabo en el año 2002 habiéndose encendido 7.000 faroles; de igual manera se presentaron tres agrupaciones artísticas locales en diferentes escenarios llevándose a cabo un recorrido a pie, pleno de música y de convivencia por las principales calles del municipio. A partir del año 2003 comenzaron a vincularse diferentes entidades públicas y privadas, y se dio inicio a la realización de talleres para la elaboración de faroles dirigidos a toda la comunidad. Así mismo, a partir de éste año comenzó la realización del show de juegos pirotécnicos para culminar el evento, el cual hoy es uno de los principales atractivos y se adelantó el primer registro estadístico de número de visitantes que llegaron a Salamina, dando como resultado un total de 400 personas.

En el año 2006, la celebración es institucionalizada por el Alcalde Municipal Iván Darío Valencia Echeverri, mediante la Resolución Nro. 213 del 07 de diciembre de 2006, teniendo en cuenta la importancia de esta celebración y buscando que fuera un ejemplo edificante de identidad cultural.

Para el año 2008, la celebración se proyectó a San Félix, logrando presentar en el Parque Principal del Corregimiento 2 colectivos de artistas Manizaleños y 3 regionales, culminando con un espectáculo de juegos pirotécnicos.

Hoy la Noche del Fuego es el espacio cultural de referencia para propios y visitantes desde el punto de vista patrimonial y turístico; la cual en su última versión logró que la comunidad encendiera aproximadamente 50.000 faroles y que llegaran al Municipio alrededor de 7.000 visitantes. Las manifestaciones artísticas que se difunden involucran las artes plásticas, la música, las artes escénicas y visuales, reuniendo artistas de importancia nacional e internacional.

Como parte integral del proyecto se destaca que la Noche del Fuego es un espacio para la sana convivencia e integración de las personas locales con las visitantes, y entre las manifestaciones culturales y artísticas propias con aquellas expresiones foráneas. De igual manera se ha promovido el estímulo a la participación a través de concursos de literatura, poesía, diseño de imagen, altares religiosos dedicados a la virgen de la Inmaculada Concepción; mejores diseños de faroles, mejores cuadras, mayor integración entre los vecinos de los sectores, etc.

A lo largo de los años de historias se ha propiciado el diálogo de saberes entre los que se cuenta con talleres de música, danza, teatro callejero, pintura y artesanía, principalmente para fortalecimiento artístico de nuestros habitantes. Así mismo, se han generado Pregones de la Noche del Fuego que buscan preparar a la comunidad para tan importante celebración, en los que se programan actividades como talleres de elaboración de faroles, espectáculos de juegos pirotécnicos, presentaciones artísticas tanto de grupos de formación de la Casa de la Cultura “Rodrigo Jiménez Mejía”, como los contratados a nivel local y regional, que promueven la participación activa de la comunidad y el empoderamiento de su Patrimonio Cultural.

Fiestas de la Inmaculada Concepción

Historia

La parroquia de Salamina fue creada al mismo tiempo que el municipio, por Decreto del 8 de junio de 1.825, expedido por el intendente del departamento de Cundinamarca Enrique Umaña y por su secretario Sebastián Esguerra, refrendado con la firma del Presidente, el General Francisco de Paula Santander, en la época del Patronato Republicano, según la Ley del 28 de Julio de 1.824, expedida por el Congreso de Colombia, que facultaba a las autoridades civiles, la creación de parroquias y la autorización, reglamentación e intromisión en asuntos eclesiásticos. Decreto presentado por la señora Aranzazu, ante el gobierno de Antioquia, el 2 de junio del mismo año.

Se da por descontado que la primera misa celebrada en Salamina, lo fue por el sacerdote Felipe Montes Alcaráz entre los meses de abril y julio de 1.826, en una improvisada capilla, levantada en la esquina de la carrera 8ª. Con calle 5ª, quien ejercía el curato de la naciente población, mientras ejercía su ministerio en Aguadas. En febrero de 1.827, empezó a administrar la parroquia el Presbítero Martín de la Cuesta Castillo.

Las primeras celebraciones religiosas fueron autorizadas por el Obispo, el 24 de enero de 1.844, a petición de del Padre Ramón Marín, quien solicitó licencia para colocar el PICIS (hoy PIXIDE), “a nuestro Amo Sacramentado desde el día de ceniza hasta la Domínica de Quasimodo inclusive”, comprometiéndose dicho sacerdote a costear de su bolsillo el alumbrado.

En 1.853, el Presbítero Simón de Jesús Herrera, Párroco de Salamina para ese tiempo, solicita licencia para colocar las Especies Sacramentales en esta Parroquia, garantizando “una custodia que ha ofrecido donar la Señora María Josefa Arbeláez i su familia i un copón i sagrario que existen como de propiedad de la Iglesia”, firmaban con el señor cura, el Alcalde Pantaleón Escovar, el mayordomo Antonino Londoño y el Clavero Miguel María Calle.

El 17 de enero de 1.870, es autorizada la festividad del Corpus, por el Obispo de la diócesis de Medellín Monseñor Valerio A. Jiménez, por petición del Párroco de Salamina Julián Medina. Por esos años, se encontraba en construcción el Templo Parroquial y los altares dedicados a la celebración, eran ejecutados por don Elías Osorio (Osorito), por don Saturnino Molina y don Juan A. Osorio, apoyados por las más distinguidas matronas de la población. Los altares obedecían a unos diseños espectacularmente concebidos, con algunos artificios mecánicos que las gentes esperaban con ansiedad cada año. Las varas del palio, eran sostenidas por elegantes caballeros, mientras las luces, las flores, el incienso y la oración precedían la procesión que congregaba una inmensa cantidad de público devoto convenientemente vestido para la ocasión.

El dogma de la Inmaculada Concepción, fue proclamado por el Papa PIO IX, el día 8 de diciembre de 1.854, por medio de la Bula Ineffabilis Deus, estableciendo el Padre José Joaquín Barco, Cura Excusador de Salamina, desde 1.881 y “Modelador del Alma Salamineña”, que fuese la patrona de la parroquia, para lo cual trajo la preciosa imagen que se venera en el Templo Parroquial. Iniciando de inmediato la organización, de la Junta de Obreros Pro inmaculada, que se encargaría de celebrar anualmente el novenario y la fiesta, y que era el conducto adecuado para llegar al artesano, al obrero, conocer sus necesidades y remediarlas, celebración de la que dijo el Presbítero e historiador Guillermo Duque Botero:” ésta fiesta tiene dos características especiales y es la de los juegos pirotécnicos y los desfiles con las ofrendas. Nos atrevemos a llamar la atención de nuestros lectores salamineños para que pongan mucho interés en estos dos elementos festivales que bien organizados y dirigidos puedan convertirse en factores preciosos para el folclore salamineño. Sería por demás interesante que se llamaran personas competentes en la materia, para que los organizaran con toda la técnica requerida y hasta lograr su financiación por parte de las diversas entidades fabriles y comerciales y así Salamina tendría para dicha época un atractivo turístico de primera clase”.

En su historia de la Parroquia, aun sin editar, el mismo historiador Duque Botero señala: “Ferviente cantor de la Inmaculada Concepción cuya fiesta impulsó desde su llegada a la Parroquia, como su excelsa patrona, predicaba el mismo todo el novenario sin que a nadie cediera éste para él delicioso ministerio, hasta el último ocho de diciembre del año 1.912, tres días antes de su muerte. A éste respecto oímos al Dr. Emilio Robledo: “Me parece que lo veo despojarse de la casulla y el manípulo y trepar al púlpito. En el amplio recinto hay un silencio reverencial. El heraldo de Cristo se santigua y enuncia el texto bíblico siempre del Cantar de los Cantares. En el exordio y en la parte sustantiva de su diserto discurso, el sacerdote parece transformarse. Como inflamado por la “llama de amor viva” que inflamaba al Místico de Fontiveros San Juan de la Cruz, arranca a los inefables acentos extáticos y a la misma luz colores sustantivos capaces de retratar irradiaciones supremas. Sus palabras son a manera de carbones encendidos que lanza sobre las cabezas de los fieles oyentes a fin de que inflamados, se aficionen al culto Marial. El sermón panegírico Marial ha terminado. Todo el auditorio se halla como en un celestial arrobamiento. El sacerdote extenuado por el esfuerzo mental y la sinceridad de sus transportes continua oficiando el divino misterio”.

Se tiene por cierto, que para 1.885, la celebración que se inicia el 29 de noviembre y termina el 8 de diciembre, tenía vida propia y una parte de las responsabilidades se habían entregado a las diferentes regiones, compromiso que aceptó con alegría la población campesina, teniendo como finalidad además de rendir culto a la inmaculada, integrar y acercar a los habitantes rurales, tradición que se mantiene hasta nuestros días. Durante todo el año, los “alférez” o encargados de cada uno de los días del novenario, realizan todo tipo de esfuerzos, consistentes en rifas, donaciones y festivales, tratando de emular sanamente, para lo cual, programan con empeño el llamado recibimiento, que se realiza apenas comenzada la tarde y en el que toman parte las personas más representativas de las veredas responsables. Frondosos pabellones, adornados con billetes de distintas denominaciones, como ofrenda para diferentes obras sociales o parroquiales: Casa del Niño, Asilo de Ancianos, Obras parroquiales, Cementerio, Casa Cural, San Vicente de Paúl, Cárcel; vehículos debidamente engalanados, bestias cargadas de productos del campo: leña, carbón, papa, productos agrícolas y algunos animales; la sagrada imagen de María Inmaculada, embellecida con delicados y sublimes arreglos, la banda de músicos y los sacerdotes ataviados con riquísimas vestiduras , forman parte de la procesión, que parte desde alguna de las salidas de la población, correspondiente a la ubicación geográfica de la región encargada de la celebración, hasta el Templo Parroquial, en medio del repique de campanas, ceremonia que termina con la quema de pólvora “de ruido”, música y globos.

Fiestas de la Inmaculada Concepción
Fiestas de la Inmaculada Concepción


En la noche, al concluir la misa de 7, continua la celebración con la imponente procesión alrededor del Parque principal, luego de la cual, se procede a dar inicio a los bellísimos juegos Pirotécnicos, afamados nacionalmente, mientras la banda de músicos ameniza el imponente espectáculo con aires nacionales.

Al día siguiente, se realiza la llamada “Entrega”, con una nueva proliferación de pólvora de ruido, repitiéndose el mismo programa cotidianamente, hasta la culminación de las fiestas. Estas festividades, tienen una enorme carga sociológica y con casi 130 años de celebración ininterrumpida, se constituyen en las más tradicionales y reconocidas del Viejo Caldas.

Al respecto, el doctor Rodrigo Jiménez Mejía en la semblanza que hace del reverendísimo Padre José Joaquín Barco, señala: “el Padre Barco era espléndido en la celebración de las fiestas religiosas, especialmente en las que tenían lugar en la primera semana de diciembre en honor de la Inmaculada, las que culminaban el día ocho. Cada día estaba a cargo de un determinado sector social. Estas fracciones o grupos competían entre sí. Había juntas permanentes que organizaban durante todo el año esa brillante competencia. Desde esa época se especializó Salamina en los juegos pirotécnicos que le han dado fama nacional. Todos los habitantes de la ciudad se congregaban en ella para celebrar las efemérides de diciembre. Los campesinos acudían a la población, los salamineños emigrados a otras ciudades regresaban a sus casas solariegas, las familias aplazaban sus viajes de veraneo a las haciendas hasta el día nueve o diez de diciembre. Todos preparaban nuevas prendas de vestir para lucirlas en tal ocasión.

“Con estas festividades mantenía el Padre Barco su contacto permanente con las gentes del campo, en cuyas vidas ejerció una influencia definitiva, no solo dese el punto de vista religioso, sino también económico.”

Esta conmemoración, permitió el desarrollo de la pirotécnica de la mano de auténticos virtuosos, que llegados de Rionegro, Antioquia, antes de concluir el siglo antepasado, establecieron una escuela que practicó y superó el arte de sus maestros los famosos Vinasco, muertos en una colosal conflagración en 1.905. La familia Bernal, fue una de las primeras en dedicarse al peligroso arte, emigrando después hacia Manzanares donde se establecieron con éxito. Por esos años, fabricaba elementos pirotécnicos don Jesús Castaño, conocido con el remoquete de “el mono polvorero”. Polvoreros como los hermanos Duque: Horacio, Alfredo y Jesús María, con su espectáculo “Noches de Salamina”; Telésforo Carmona y sus Hijos, Pacho Hincapié, “Cobijas” y su hijo Rubén Quintero; Jesús González, conocido como “Palomo”, Antonio Galvis, con su taller “Noches Estelares de Salamina”, quien ha paseado su arte por las más importantes capitales de Colombia, habiendo exhibido su trabajo en unos juegos suramericanos, siendo felicitado personalmente por el presidente de la FIFA, quien se dirigió a don Antonio en los siguientes términos: “He tenido la ocasión de presenciar los más bellos espectáculos pirotécnicos del mundo, pero jamás habia visto nada más hermoso e increíble, los juegos y nosotros estamos en deuda con usted, por tan maravilloso regalo estético”, estos personajes y su trabajo, se han constituido en auténticas instituciones dentro del hermoso pero menospreciado arte de las luces y han ganado reconocimiento y premios nacionales e internacionales.

Desde 1.860, se habían dado en Salamina los primeros juegos de artificio, elaborados en Manizales por el genial “Ñato” Zuloaga, quien se encargaba de animar algunas celebraciones religiosas y hacia 1.870 es traído el rionegrero Facundo Hernández, pirotécnico reconocidísimo, con el fin de amenizar los carnavales de ese año.

Por algo, Adel López Gómez, en su “Minucia Pirotécnica”, dejó dicho:” En tierras de Caldas hay una sola pólvora cargada de gloria: la pólvora de Salamina. Es allí, según dicen, donde se conserva el secreto de las luces espléndidas; bengalas y castillos, lluvia de esmeraldas, jardines de la china, pilas y chorrillos y toda esa denominación múltiple de la pólvora decembrina que saben todos los niños de las ciudades y de los caseríos.

Fiestas de la Inmaculada Concepción


“La pólvora de Salamina es la pólvora por excelencia. Se alude a ella como se habla de los guarnieles de Envigado y los buñuelos de Marinilla; como las monturas de Chocontà y el Mute de Santander; como el arequipe caucano y la sobrebarriga cundinamarquesa. Parece ser que allí, en Salamina, están los más preclaros manufactureros de luminoso artificio…”.

La periodista Mariluz Vallejo M. escribió en el periódico EL MUNDO en 1.988, un interesante artículo sobre Salamina, en el que se refiere a esta celebración de la siguiente manera:” En esa plaza se celebran anualmente las fiestas de la Inmaculada con fuegos artificiales que duran ocho días (la primera semana de diciembre) y dejan boquiabierto a propios y extraños. En los 100 años que lleva la tradición, nunca se han producido incendios ni tragedias que lamentar. Ni siquiera hay avisos que prohíban la pólvora, que para los salamineños es tan inofensiva como el incienso, y desde pequeños aprenden a esquivar la lluvia de colores”.

En esta festividad a través del tiempo, han tomado parte activa elocuentes predicadores, que desde los balcones de algunas casas localizadas en el Parque Principal, año tras año, derraman su elocuencia en formidables oraciones sacras dedicadas a María Inmaculada; creativos artistas locales, que han diseñado y ejecutado por años, los novedosos y llamativos arreglos que adornan la parihuela en que es transportada la venerable imagen; familias de pirotécnicos que durante el año, diseñan castillos y elaboran diversos elementos para engalanar las noches de fiesta; alférez de las más de 50 veredas del municipio, de las instituciones cívicas y de la Junta de Obreros.

Las fiestas de La Inmaculada Concepción, atraen gran cantidad de turistas y es la mejor disculpa para el regreso de los salamineños ausentes, diseminados por toda la geografía nacional y en el extranjero y lo más importante, son la confirmación de la religiosidad, pujanza y tradición de un pueblo que con sobradas razones es considerado “Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional” y a través de los años “Ciudad Luz”.

En los últimos años, como finalización de estas efemérides, se realiza la “Noche del Fuego” de renombre nacional y el concurso de altares destinados a la Inmaculada, que cada año se superan en número, integración comunitaria, belleza y creatividad, fallo que se encarga a personas conocedoras de tradición y arte.

Fiestas de la Inmaculada Concepción
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